Como bien nos ha mostrado el transcurso histórico de las civilizaciones de las llamadas "civilizaciones modernas", la razón lógica que fundamenta el ser de ellas es cruzada (al igual que casi cualquier principio identitario) bajo un sentido de la diferenciación, es decir; una construcción del ser a partir de aquello que lo diferencia. Como bien lo señalaba Pierre Bourdieu, los sistemas duales de diferenciación social crean anclajes psíquicos en el sujeto que de alguna u otra manera son exteriorizados y sobre todo objetivados por su entorno, sin más fundamento que el mismo discurso ya que este se nos presenta como un producto naturalizado.
Desde estas perspectivas contrapuestas, es como podemos trazar una historia desde nuestros pueblos colonizados, el fundamento que daría sustento ético y moral al avance propio de la explotación y la extracción de materias por parte de los colonizadores europeos en América, sentaría sus bases en la apropiación de un discurso que no haría más que calar en lo más profundo de la barbarie pero "sin caer en esta". La domesticación de aquellos animales que caminan en dos piernas, y como bien lo señala Julio Ortega, el reclamo por la tierra prometida, se convierte en razón suficiente para justificar la barbarie del hombre moderno, entre hombres y bestias, el destino de nuestros pueblos originarios fue escrito por la pluma del vencedor.
"El origen de los mitos carece de menor importancia que los procesos permanentes de refundación social que operan alrededor de ellos. Este hecho explica el cambio permanente de las formas literarias u orales de los mitos, y la permanencia de algunas estructuras profundas del discurso mítico y su eterno retorno cultural y fundante de la integración social de las comunidades, los pueblos y las naciones..." (Mora, 2007, p.24)
Así como lo plantea Mora (2007) en la cita anterior, pareciera que el discurso convertido en mito, siempre ha estado presente en todo colectivo que implique de alguna u otra manera, la cohesión de un entramado social a cualquier escala geográfica. El discurso crea realidades que al mismo tiempo crean estructuras en el pensamiento que a su vez son proyectadas en la realidad tangible en la cual nos movemos, dicho en otras palabras, a final de cuentas nos movemos a través de "estructuras estructurantes", los espectros del lenguaje ya sean mitos o realidades factibles, saltan al plano real para la conformación de ordenes en diferentes niveles y en muchos casos, para el cumplimiento del mandato de distintas élites.
Es así como podemos entrever como el discurso, y más específicamente, el discurso mítico, crea héroes y monstruos, la existencia de un monstruo clama por el accionar del héroe conquistador que a toda costa deberá actuar por el bien común de su pueblo, aunque este sugiera unánimemente el opacar todo rasgo de raciocinio.
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