lunes, 1 de febrero de 2016

La identidad como derecho humano y su relación con la comunicación


Dentro de la construcción de la identidad colectiva, se encuentran varias instituciones validadas socialmente, que guían hacia el sendero de lo que se es y lo de no se es. En efecto, la identidad, en última instancia, es aquel conjunto de elementos simbólicos que nos hace sentir que somos y qué no deberíamos ser. Así pues, las estructuras sociales ejercen presión en diversos espacios, para delimitar hacia dónde nos podemos dirigir y qué deberíamos de rechazar, partiendo del hecho de que todas las personas somos iguales. Ejemplo de estas instituciones que validan lo que somos, se encuentran la religión (la iglesia), el sistema educativo, la familia, grupos de pares y los medios de comunicación.

Los medios de comunicación en la actualidad, han incrementado su alcance e influencia, si se toma en cuenta que la globalización – es decir, el acceso a la información de manera inmediata, gracias a componentes como la red – ha permitido que la velocidad de la información llegue prácticamente al instante en que los acontecimientos se dieron. Sin embargo, se ha notado que la influencia de los medios de comunicación, permean seriamente en la opinión y la visión de mundo de las personas, y, por tanto, en la construcción de lo que se debe ser y lo que no se debe ser.  Lo curioso de todo esto, es que los medios de comunicación han dado ejemplo de que su influencia va con mucho peso, y sobre todo para crear consenso, pero también para otros aspectos negativos. Así lo plantea Trejo (2012), quien indica que:

“Los medios son recursos formidables para crear consensos y movilizar a las sociedades, pero también para confundir y para propiciar, o afianzar, el sometimiento de los ciudadanos a regímenes autoritarios. El populismo mediático, que reproduce viajes costumbres clientelares apuntalándose ahora en los medios y en otros casos de plano subyugándolos a sus intereses, se está convirtiendo en nuevo escollo de las democracias contemporáneas.” (p.113).

Ahora bien, la tradicional forma de comunicación masiva, tal cual la conocemos (televisión, radio, periódicos), ha ido cediendo espacio a las nuevas formas tecnológicas, que son prácticamente generadoras de información “in situ”. En efecto, los denominados “smartphones”, “laptops”, “tablets”, entre otras herramientas, son de fácil acceso en diversas zonas, y generan comunicación ágil, pero subjetiva, y por tanto, me cuestiono sobre esas formas de construir opinión entre quienes revisamos la información “in situ” que ha sido colocada por una simple persona, desde su aparato tecnológico. Su opinión, ahora es vista por cientos de personas, y puede divulgarse – o así nos lo hacen creer – velozmente por diversas partes locales, o incluso, mundiales.

Por lo tanto, en este contexto, la reflexión sobre la comunicación y su influencia en la construcción de la identidad, se me dispara hacia diversos campos. Por el momento, quiero ir cerrando la opinión, por medio de la siguiente correspondencia: el derecho humano de construir la identidad y su relación con respecto a la comunicación.

Teniendo brechas tan impresionantes en diversas partes del mundo, a pesar de lo “perfecto” que pareciera ser en la actualidad todo aquello a la información y su acceso, que no existe en otros sitios del mundo. Sin embargo, desde el otro lado, es decir, aquellas zonas donde hay un acceso sobredimensionado, se replantean formas de construcción de la identidad. Y aquí deseo apoyarme de la reflexión plateada por parte de Fernández (2012):

“habría que preguntarnos también por el derecho a la identidad respecto a ciertos fenómenos que en esta primera década del siglo XXI han emergido con respecto con fuerza. Ilustro con la respuesta de otra alumna, también de 18 años de edad, cuando le pregunté por qué me entregaba sus controles de lectura con muy diferentes nombres y en vez de sus apellidos sólo colocaba iniciales. ‘Ay, maestra, son mis álter egos con los que juego en Second Life’; mi sorpresa crecía a mediada que me relataba sus diversas vidas en diferentes cuentas.” (p.128).

Es evidente que la construcción de la identidad ha variado significativamente, y el ejemplo con la cita anterior lo confirma. Y es que me queda la reflexión que como personas tenemos derecho a la construcción de nuestra identidad, y aquellos signos que nos validen la misma. Pero en un contexto en que los derechos humanos son enfocados por medio de aspectos plenamente materialistas y economicistas, la validación de la identidad y su reconocimiento social, es complejo. Sin embargo, pareciera que la comunicación – viéndola desde el contexto actual – puede ser la alternativa para llegar a esa validación social, y romper con funciones clásicas de los medios de comunicación.

Bibliografía:
Fernández, F. (2012). Derecho a la Identidad y Comunicación. Comunicación y Derechos Humanos, Vega (Coordinadora), Universidad Nacional Autónoma de México. Editorial del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. México.


Trejo, R. (2012). Derecho a la Comunicación, Todavía no para Todos. Comunicación y Derechos Humanos, Vega (Coordinadora), Universidad Nacional Autónoma de México. Editorial del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. México.

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