La invitacion es a comunicar, crear, ensayar, experienciar, producir y proyectar nuestros aprendizajes sistematizados en aras de hallar mediante saberes y experiencias endógenas, así como singulares formas de extensión y visibilización de pensamientos: nuestro objeto de COMUNICACIÓN.
Esta revisión incentiva hacia una llamada crítica y dialógica de muchos saberes que necesitan ser escuchados e incluidos.
jueves, 11 de febrero de 2016
Breve repaso histórico de los discursos desde la perspectiva latinoamericana: el caso indiano
Los discursos críticos en Latinoamericana tienden a converger en raíces comunes desde la comprensión de la identidad indígena y sus vínculos socio-históricos. Para extrapolar su estudio, se toma hoy el análisis comparado del caso peruano con base a tres notables aportes: un análisis de discurso sobre el Inca Garcilazo y Guamán Poma de Ayala, el ensayo sobre el Problema del Indio y de la Tierra por José C. Mariategui y la obra literaria "Los Ríos Profundos" de José María Arguedas. Es de esperar que se logren conocer los factores de trasmutación cultural y los conceptos del imaginario asociados; desde utopías a realidades aplicadas por políticas de dominio. Cual es la riqueza de la transversalidad crítica en estos autores y por qué es importante su aporte en la contemporaneidad social-cultural en los estudios latinoamericanos?
Me parece que los espacios académicos al igual que cualquier otro espacio social en el que se permite, o al menos se supone que se permite la libertad de expresión, se convierten en espacios fundamentales para la construcción de diversas historias de fantasía.
Desde nuestro contexto Latinoamericano se han construido diversos mitos, desde nuestro mal llamado "descubrimiento de america", aquel llamado viejo continente se encargó no solamente del saqueo y el atropello absoluto del valor humano y cultural, sino que, su proyección hegemónica sería el epicentro para la fabricación de nuevas visiones de mundo, y sería la contraposición entre los "conocedores-descubridores-colonizadores" vs los "ignorantes-descubiertos-colonizados", como se comenzaría a configurar la crónica de una ficción, la ficción del "otro".
Como bien deja entre ver K. Marx, la conformación de las dinámicas capitalistas y sus lógicas de dominación yacen a partir de la acumulación originaria, en donde gracias a la expropiación, y el asesinato de los campesinos por parte de las realezas en el periodo que comprende los siglos XIV y XVI, se alcanzaría el último peldaño que daría cabida a las primeras fases de la era capitalista, misma que no sería sino gracias a los recursos extraídos del ahora nuevo continente y la explotación humana. Los dualismos emergentes de los procesos de dominación, serían algo más que una fase subsecuente en la reconfiguración de un sistema socio económico, ya que esta, extendería sus raíces impregnando el orden mismo de la realidad, enfrentándonos constantemente con aquellos que se nos enseño a ver como superiores desde lo material hasta lo intelectual. Desde este punto solo queda cuestionar acerca de la existencia o no de un pensamiento latinoamericano, ya que esto conlleva a la negación y el encubrimiento de nuestro papel en la historia. Si bien el reflexionar sobre la existencia o no de un pensamiento latinoamericano implica a priori un redimensionamiento del sujeto(a) en su pensar y sobretodo en su quehacer, esto a su vez, más que opacar nuestra actividad intelectual, en mi opinión, es la puerta liberadora de un nuevo pensar rico en culturas, rico en identidades y sobre todo, rico en capacidades, tal y como bien lo han mostrado nuestras academias y el esfuerzo de múltiples intelectuales de nuestra época.
Sin duda alguna, existen varios elementos que han marcado el camino de la identidad latinoamericana. En efecto, la historia de los países latinoamericanos ha sido caracterizada por varios elementos relacionados al poder, que, de una u otra manera, nace desde el momento específico de la conquista. Y es que, como bien lo apunta Danny y el profesor, la dominación es un eje explícito en todos los momentos históricos, no solamente al inicio de la conquista, donde se podía observar de manera explícita, los mecanismos de dominación claramente establecidos, como lo eran el cambio de la religión, así como el idioma mismo, y por supuesto, la forma de organización social y política. Ahora bien, la identidad latinoamericana (o identidades), han ido modificándose, en muchos casos a la fuerza, y en otros casos, aceptando la dominación, y a partir de esta, gestionar mecanismos de nuevas formas de dominación en las bases sociales. Así lo evidencia Mariátegui, quien indica que América Latina no tuvo revoluciones en los procesos de independencia, sino que fueron procesos históricos donde los países europeos se aliaban por medio de pactos, conocidos como “pacto neocolonia”, donde las burguesías importadoras ubicadas en todos los países de Latinoamérica, se unían a las oligarquías terratenientes, y por tanto, llevaban a sus países a validar los mecanismos de dominación históricos. La verdadera revolución era salirse de los mercados y formas de organización europeos. Siguiendo esta idea, y para ello dar un ejemplo, ocurrió lo que Mariátegui denominó como “problema del indio”, el cual consistía en dominar todas las tierras por medio del saqueo en los pueblos originarios. Esta es una de los principales argumentos de este autor, el cual, evidentemente está muy influenciado por la teoría marxista, aspecto que se puede evidenciar con lo que Danny ha planteado de la acumulación originaria y la expropiación de las tierras. El punto de alianza es claro, es decir, América Latina no tuvo un proceso de revolución o liberación de un imperio como el español, que claramente estaba en debacle, sino que se alió a los otros imperios más fuertes: Francia e Inglaterra. Y es que, esto provocó que ciertamente Latinoamérica no tuviera una producción propia, modelos propios como así lo hicieron en Europa la burguesía, y por tanto, una alianza que llevó a la esclavitud económica e ideológica, que conlleva a una serie de pensamientos impuestos desde hace varios siglos. Sin duda, debe haber esperanza, se debe generar una nueva revolución, que recaiga hacia nuevas formas de organización social, y que no sean copias de modelos destructivos de la misma humanidad, y por supuesto, del planeta entero. Mariátegui, planteó varias propuestas, donde mencionaba el Congreso indígena, mismo que consistía en conformar grupos regionales, en el cual, se basara en el diálogo que permitiera una ideología de fuerza unificadora, desde la visión cósmica de los pueblos originarios. Esto, el conocer, para transformar.
Excelente compañeros!! me pareció genial el video, porque me permitió comprender mucho más la lectura de "El problema del indio". Ahora bien, para aunar a las reflexiones hasta ahora hechas que se puede mover aún más el piso si nos damos cuenta que, efectivamente los pueblos originarios permiten o facilitan situarnos en los puentes de pensamiento que versan sobre la ontología y el problema epistemológico de cómo se construye la identidad o constitución del "otro". El lenguaje por sí mismo posee la cualidad de naturalizar y ordenar el mundo de acuerdo a las creencias que tenga el usuario del lenguaje, sin embargo, no es necesario que dichas creencias estén fundamentadas o sean correctas para ser comunicadas por la persona. La propia palabra “autor” tiene estrecho ligamen con la de “autor-idad”, los comentarios o la producción del texto en sí, es un juego de construcción de identidades, de vigilancia y castigo respecto de otros discursos o visiones de mundo, pues lo que se emite/omite, resalta/oculta y domina/somete, tiene que ver con una creencia respecto de cómo son o “deberían” ser las cosas, por lo que se excluye a la vez todo aquello que no concuerde con la lógica de lo comunicado. Esto lo exponga en el entendido que, como bien lo señala Mariategui, el problema del indio pasa por un problema epistemológico, en el cual: el cuerpo entendido como una construcción histórica, es parte del proceso “civilizatorio” que reproduce patrones de comportamiento, al menos en lo que compete a la cultura hegemónica occidental. De esta forma, los distintos espacios en los cuáles se desenvuelven las personas permiten “anclar” los cuerpos a dinámicas societarias específicas, es decir, nuestras acciones en la medida que construyen escenarios de comportamiento, estos a su vez determinan las normas que rigen nuestras relaciones con el colectivo. La dialéctica que se establece entre cuerpos y espacios conforma límites-fronteras de lo socialmente aceptado, de manera tal que, el control aparece como dispositivo de normalidad, en la medida que, las formas de pensar y actuar quedan sujetas a parámetros de legitimación social. Así, la corporalidad se presenta como objeto (en el sentido estricto de la palabra), en tanto se controla y disciplina el cuerpo mediante instituciones reguladoras del orden hegemónico.
La identidad es ciertamente una de la nociones más difícil de comprender, porque implica no solo retomar la historia propia de mi región, de mi cultura, mi experiencia personal y por otro lado el discurso oficial que manejan las instituciones. Los latinoamericanos hemos pasado por controversiales momentos en los cuales la cultura ancestral, la cultura mestiza y la cultura europea han sido interiorizada mediante imposiciones externas. Por un lado, lo indígena como algo ajeno para el no indígena, muchas veces no comprensible, visto como no propio e inclusive exótico y esotérico. La población llamada mestiza en América latina fue moldeada en su pensamiento bajo la noción de que no son del todo indígenas y que tienen parte de europeo; su desapego responde a estructuras de clases impuesta en la colonia, lo cual conllevó a crear una confusión en su ser, pensar y en su vivir; esta confusión lamentablemente ha originado ansiar un reconocimiento de estas parte y negar o ignorar la otra. La posibilidad de reconocerse y de cuestionar los discursos impuestos con respecto a mi historia y mi cultura permite denotar como se han fomentado sociedades con visiones muy diferentes para la población en general. De igual manera, pensarnos en retrospectivas y de analizar con detalle si esa identidad que nos heredaron realmente corresponde conmigo o con mi comunidad, o si es una imagen creada e impuesta para nosotros permite comenzar hacer cambios sociales en pro de una sociedad más crítica e incluyente. Como pensadores de las ciencias sociales y como ciudadanos de América Latina tenemos la labor de darle importancia al trabajo en conjunto con la sociedad en general, de esta manera podremos generar una lectura de la fuentes históricas y culturales de manera correcta. Parte de nuestra responsabilidad desde la academia, desde nuestros trabajos y desde nuestra vida personal cotidiana es la de retratar nuestra historia y la de todas las partes que la componen; dándole el espacio que cada una requiere, con el objetivo de que el reconocimiento y la memoria sean por si mismas, el pilar de la identidad de los individuos, de su comunidad y de la sociedad en general. Las poblaciones indígenas, población originaria de nuestro continente continua día a día una lucha por sus tierras, por mantener su cultura y forma de relacionarse con el medio ambiente; son más de 500 años de luchar por no bajar la guardia en un mundo que actualmente está condicionado para homogenizar y no reconocer otras formas de vivir y pensar. Esta situación se repite en la población de origen africano que se desarrolla en nuestros países y que también conviven con problemas de reconocimiento cultural, incorporación social y desentendimiento por parte de las mayorías. La propuesta de análisis de Mariátegui de reconocer cada región de nuestros países y de nuestras sociedades es una opción muy válida para incorporar espacios y pensamientos que han sido rechazados, ignorados y desvalorizados en nuestra América. Hasta que las poblaciones y sus pluriculturalidades sean totalmente reconocidas, valoradas e incluidas en el pensar y accionar general, será posible enrumbar el camino hacia una republica justa, crítica e inclusiva. Esa Republica podrá balancear pensares y constituirse socialmente como una verdadera nación.
Me parece que los espacios académicos al igual que cualquier otro espacio social en el que se permite, o al menos se supone que se permite la libertad de expresión, se convierten en espacios fundamentales para la construcción de diversas historias de fantasía.
ResponderEliminarDesde nuestro contexto Latinoamericano se han construido diversos mitos, desde nuestro mal llamado "descubrimiento de america", aquel llamado viejo continente se encargó no solamente del saqueo y el atropello absoluto del valor humano y cultural, sino que, su proyección hegemónica sería el epicentro para la fabricación de nuevas visiones de mundo, y sería la contraposición entre los "conocedores-descubridores-colonizadores" vs los "ignorantes-descubiertos-colonizados", como se comenzaría a configurar la crónica de una ficción, la ficción del "otro".
Como bien deja entre ver K. Marx, la conformación de las dinámicas capitalistas y sus lógicas de dominación yacen a partir de la acumulación originaria, en donde gracias a la expropiación, y el asesinato de los campesinos por parte de las realezas en el periodo que comprende los siglos XIV y XVI, se alcanzaría el último peldaño que daría cabida a las primeras fases de la era capitalista, misma que no sería sino gracias a los recursos extraídos del ahora nuevo continente y la explotación humana.
Los dualismos emergentes de los procesos de dominación, serían algo más que una fase subsecuente en la reconfiguración de un sistema socio económico, ya que esta, extendería sus raíces impregnando el orden mismo de la realidad, enfrentándonos constantemente con aquellos que se nos enseño a ver como superiores desde lo material hasta lo intelectual. Desde este punto solo queda cuestionar acerca de la existencia o no de un pensamiento latinoamericano, ya que esto conlleva a la negación y el encubrimiento de nuestro papel en la historia. Si bien el reflexionar sobre la existencia o no de un pensamiento latinoamericano implica a priori un redimensionamiento del sujeto(a) en su pensar y sobretodo en su quehacer, esto a su vez, más que opacar nuestra actividad intelectual, en mi opinión, es la puerta liberadora de un nuevo pensar rico en culturas, rico en identidades y sobre todo, rico en capacidades, tal y como bien lo han mostrado nuestras academias y el esfuerzo de múltiples intelectuales de nuestra época.
Sin duda alguna, existen varios elementos que han marcado el camino de la identidad latinoamericana. En efecto, la historia de los países latinoamericanos ha sido caracterizada por varios elementos relacionados al poder, que, de una u otra manera, nace desde el momento específico de la conquista. Y es que, como bien lo apunta Danny y el profesor, la dominación es un eje explícito en todos los momentos históricos, no solamente al inicio de la conquista, donde se podía observar de manera explícita, los mecanismos de dominación claramente establecidos, como lo eran el cambio de la religión, así como el idioma mismo, y por supuesto, la forma de organización social y política.
ResponderEliminarAhora bien, la identidad latinoamericana (o identidades), han ido modificándose, en muchos casos a la fuerza, y en otros casos, aceptando la dominación, y a partir de esta, gestionar mecanismos de nuevas formas de dominación en las bases sociales. Así lo evidencia Mariátegui, quien indica que América Latina no tuvo revoluciones en los procesos de independencia, sino que fueron procesos históricos donde los países europeos se aliaban por medio de pactos, conocidos como “pacto neocolonia”, donde las burguesías importadoras ubicadas en todos los países de Latinoamérica, se unían a las oligarquías terratenientes, y por tanto, llevaban a sus países a validar los mecanismos de dominación históricos. La verdadera revolución era salirse de los mercados y formas de organización europeos.
Siguiendo esta idea, y para ello dar un ejemplo, ocurrió lo que Mariátegui denominó como “problema del indio”, el cual consistía en dominar todas las tierras por medio del saqueo en los pueblos originarios. Esta es una de los principales argumentos de este autor, el cual, evidentemente está muy influenciado por la teoría marxista, aspecto que se puede evidenciar con lo que Danny ha planteado de la acumulación originaria y la expropiación de las tierras.
El punto de alianza es claro, es decir, América Latina no tuvo un proceso de revolución o liberación de un imperio como el español, que claramente estaba en debacle, sino que se alió a los otros imperios más fuertes: Francia e Inglaterra. Y es que, esto provocó que ciertamente Latinoamérica no tuviera una producción propia, modelos propios como así lo hicieron en Europa la burguesía, y por tanto, una alianza que llevó a la esclavitud económica e ideológica, que conlleva a una serie de pensamientos impuestos desde hace varios siglos.
Sin duda, debe haber esperanza, se debe generar una nueva revolución, que recaiga hacia nuevas formas de organización social, y que no sean copias de modelos destructivos de la misma humanidad, y por supuesto, del planeta entero. Mariátegui, planteó varias propuestas, donde mencionaba el Congreso indígena, mismo que consistía en conformar grupos regionales, en el cual, se basara en el diálogo que permitiera una ideología de fuerza unificadora, desde la visión cósmica de los pueblos originarios. Esto, el conocer, para transformar.
Excelente compañeros!! me pareció genial el video, porque me permitió comprender mucho más la lectura de "El problema del indio".
ResponderEliminarAhora bien, para aunar a las reflexiones hasta ahora hechas que se puede mover aún más el piso si nos damos cuenta que, efectivamente los pueblos originarios permiten o facilitan situarnos en los puentes de pensamiento que versan sobre la ontología y el problema epistemológico de cómo se construye la identidad o constitución del "otro".
El lenguaje por sí mismo posee la cualidad de naturalizar y ordenar el mundo de acuerdo a las creencias que tenga el usuario del lenguaje, sin embargo, no es necesario que dichas creencias estén fundamentadas o sean correctas para ser comunicadas por la persona. La propia palabra “autor” tiene estrecho ligamen con la de “autor-idad”, los comentarios o la producción del texto en sí, es un juego de construcción de identidades, de vigilancia y castigo respecto de otros discursos o visiones de mundo, pues lo que se emite/omite, resalta/oculta y domina/somete, tiene que ver con una creencia respecto de cómo son o “deberían” ser las cosas, por lo que se excluye a la vez todo aquello que no concuerde con la lógica de lo comunicado.
Esto lo exponga en el entendido que, como bien lo señala Mariategui, el problema del indio pasa por un problema epistemológico, en el cual: el cuerpo entendido como una construcción histórica, es parte del proceso “civilizatorio” que reproduce patrones de comportamiento, al menos en lo que compete a la cultura hegemónica occidental. De esta forma, los distintos espacios en los cuáles se desenvuelven las personas permiten “anclar” los cuerpos a dinámicas societarias específicas, es decir, nuestras acciones en la medida que construyen escenarios de comportamiento, estos a su vez determinan las normas que rigen nuestras relaciones con el colectivo.
La dialéctica que se establece entre cuerpos y espacios conforma límites-fronteras de lo socialmente aceptado, de manera tal que, el control aparece como dispositivo de normalidad, en la medida que, las formas de pensar y actuar quedan sujetas a parámetros de legitimación social. Así, la corporalidad se presenta como objeto (en el sentido estricto de la palabra), en tanto se controla y disciplina el cuerpo mediante instituciones reguladoras del orden hegemónico.
La identidad es ciertamente una de la nociones más difícil de comprender, porque implica no solo retomar la historia propia de mi región, de mi cultura, mi experiencia personal y por otro lado el discurso oficial que manejan las instituciones.
ResponderEliminarLos latinoamericanos hemos pasado por controversiales momentos en los cuales la cultura ancestral, la cultura mestiza y la cultura europea han sido interiorizada mediante imposiciones externas.
Por un lado, lo indígena como algo ajeno para el no indígena, muchas veces no comprensible, visto como no propio e inclusive exótico y esotérico. La población llamada mestiza en América latina fue moldeada en su pensamiento bajo la noción de que no son del todo indígenas y que tienen parte de europeo; su desapego responde a estructuras de clases impuesta en la colonia, lo cual conllevó a crear una confusión en su ser, pensar y en su vivir; esta confusión lamentablemente ha originado ansiar un reconocimiento de estas parte y negar o ignorar la otra.
La posibilidad de reconocerse y de cuestionar los discursos impuestos con respecto a mi historia y mi cultura permite denotar como se han fomentado sociedades con visiones muy diferentes para la población en general. De igual manera, pensarnos en retrospectivas y de analizar con detalle si esa identidad que nos heredaron realmente corresponde conmigo o con mi comunidad, o si es una imagen creada e impuesta para nosotros permite comenzar hacer cambios sociales en pro de una sociedad más crítica e incluyente.
Como pensadores de las ciencias sociales y como ciudadanos de América Latina tenemos la labor de darle importancia al trabajo en conjunto con la sociedad en general, de esta manera podremos generar una lectura de la fuentes históricas y culturales de manera correcta.
Parte de nuestra responsabilidad desde la academia, desde nuestros trabajos y desde nuestra vida personal cotidiana es la de retratar nuestra historia y la de todas las partes que la componen; dándole el espacio que cada una requiere, con el objetivo de que el reconocimiento y la memoria sean por si mismas, el pilar de la identidad de los individuos, de su comunidad y de la sociedad en general.
Las poblaciones indígenas, población originaria de nuestro continente continua día a día una lucha por sus tierras, por mantener su cultura y forma de relacionarse con el medio ambiente; son más de 500 años de luchar por no bajar la guardia en un mundo que actualmente está condicionado para homogenizar y no reconocer otras formas de vivir y pensar. Esta situación se repite en la población de origen africano que se desarrolla en nuestros países y que también conviven con problemas de reconocimiento cultural, incorporación social y desentendimiento por parte de las mayorías.
La propuesta de análisis de Mariátegui de reconocer cada región de nuestros países y de nuestras sociedades es una opción muy válida para incorporar espacios y pensamientos que han sido rechazados, ignorados y desvalorizados en nuestra América. Hasta que las poblaciones y sus pluriculturalidades sean totalmente reconocidas, valoradas e incluidas en el pensar y accionar general, será posible enrumbar el camino hacia una republica justa, crítica e inclusiva. Esa Republica podrá balancear pensares y constituirse socialmente como una verdadera nación.