martes, 26 de abril de 2016

Neoliberalismo: construcción del sentido común neoliberal, la cultura del consumo y medios de comunicación
Como bien se ha ido observando, los procesos sociales poseen un eje transversal referido a la colonialidad. En efecto, la colonialidad es un proceso que alcanza niveles subjetivos, siendo heredados y arraigados hasta en la actualidad. Y es que el caso específico del cantón de Santa Ana, presenta una serie de situaciones que permite relacionar procesos que se han ido imponiendo desde la década de los ochenta, con las reformas neoliberales, en conjunto con procesos capitalistas que se concretan en las transformaciones espaciales y en la construcción de las identidades del cantón.
Y es que, para comprender estos procesos de transformación, se debe partir de la razón del concepto de Neoliberalismo. No se pretende desarrollar una discusión sobre la constitución o enfoques del concepto, sino que, para efectos de este ensayo, el neoliberalismo es un proceso complejo que influye diversas áreas de complejo social. Para poder influenciar de la manera actual en el cantón de Santa Ana, hay dos aspectos que se conjugan a nivel histórico, por un lado, la situación centroamericana en la década de los ochenta tras la guerra de la región, y por otro lado, la mentalidad colonial por parte de los países de Centroamérica, que mantiene el enfoque de seguir modelos y procesos de países “desarrollados” al momento de buscar “apoyo” para salir de la crisis.
Cuevas (2012), menciona que el creciente poder hegemónico-político y militar de Estados Unidos, condujo a los países centroamericanos apegarse a los Programas de Ajuste Estructural, con una agenda que buscaba una serie de medidas bastante claras: “En general, las medidas incluyeron cortes profundos en los presupuestos y gastos públicos, devaluación de la moneda nacional, privatización de las empresas estatales, liberalización del comercio internacional y repliegue del Estado” (p.92).
Por lo tanto, no se puede comprender la dinámica actual en las transformaciones espaciales y en la construcción de las identidades en Santa Ana, sin dimensionar las situaciones que están alrededor de los procesos socioeconómicos, vistos como procesos complejos, que conllevan a la naturalización y nueva construcción del sentido común. En otras palabras, el neoliberalismo es algo más allá que una simple imposición de ajustes estructurales, sino que es un proceso complejo que influye todas las dimensiones sociales. Así lo plantea Cuevas (2012), quien asevera que el neoliberalismo:
“más que una o una colección de medidas económicas, constituye más que una verdadera corriente civilizatoria propia del capitalismo en su etapa de desarrollo, es decir, bajo el poderío del capital financiero sustentado sobre la revolución tecnológica acaecida en la segunda mitad del siglo XX” (p.99).
Los argumentos anteriores, conllevan a comprender que existe una dimensión de la corriente neoliberal, en la que se inmiscuye dentro del imaginario social de los diversos colectivos, por medio de lo que Cuevas (2012) denomina como “sentido común neoliberal” y de la “cultura de consumo”. En efecto, el autor plantea que existe un triunfo del neoliberalismo por medio de su intromisión a la cultura, por medio de esos dos elementos: El primero, es “una nueva sensibilidad y una nueva mentalidad que han penetrado muy profundamente en el suelo de creencias populares”, en el cual, se ha ido forjando “un proyecto tendiente a ‘manufacturar consenso’”, por medio de recursos multimillonarios y tecnología mediática, con el fin de “producir un verdadero lavado de cerebro que permita la aplicación aceitada de políticas promovidas por los capitalistas (p.92). El segundo, es decir, la cultura de consumo, es toda una forma de vivir por medio del consumismo, el cual, según Cuevas (2012), se materializa por medio de los centros comerciales, shopping o malls, mismos que “se han transformado en ‘catedrales’ contemporáneas de esta cultura de consumo. Este es, según el autor, el nuevo punto de encuentro y paseo de las clases sociales bajas y medias de las sociedades centroamericanas los fines de semana, donde se recrean los antiguos paseos a los parques y ciudades, dando vueltas por los diferentes pasillos de los centros comerciales, un espacio donde los jóvenes adolescentes se reúnen de forma segura ante un contexto violento e inseguro, pero es un sitio donde se privan de mercaderías que la mayoría sueña con obtener (p.100).
Ambos elementos en conjunto, van conformando patrones culturales de vida, los cuales, como lo indica Cuevas (2012):

“han sido estandarizados por parte de los medios de comunicación que difunden el american way of life y los estilos de vida derivados de la articulación del quehacer cotidiano en función de los ritmos de actividad y aspiraciones derivados de las nuevas formas de organización del trabajo impuestas por las reformas neoliberales.” (p.101). 

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